
Como una oruga gigante de anillos acerados, así se deslizaba la cadena que sujetaba su embarcación.
Silenciosa y constante dejó el cemento para no sentir su peso dentro del agua y, a pesar de que ambos extremos permanecían firmemente sujetos, dejó llevarse por el cimbreo del agua mientras los últimos eslabones bailaban contra la madera: chof-toc, chof-toc, chof-toc.......
Siempre hay una vía de escape más ligera, más suave, sólo hay que saberla sentir.
3 comentarios:
Y el corazón es el que tiene la respuesta.
Hay que estar atento y aislarse de los ruidos...Desde aquí escucho el chof-toc, y el grito aislado, de alguna gaviota protestona.
Un abrazo.
Exactamente, Emi; así lo veo yo. Un beso.
Arturo....esas gaviotas no las había oído, pero tienes razón :-).
Besos.
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