martes, 28 de julio de 2009


El libro


Apresuraba la lectura de su libro apurando las últimas luces de la tarde. La marea iba subiendo con la misma rapidez que huía la luz. La gente iba desapareciendo de sus paseos turísticos o quehaceres diarios y él seguía allí, inmerso en una lectura que, a todas luces, le tenía atrapado.

Ni siquiera yo, que descaradamente me agazapé para sumarle a mi postal de recuerdo, le saqué de su ensimismamiento.

Lo que en un principio quise captar como luz protagonista, se convirtió en decorado de fondo para esa actitud relajada y envidiable.

Feliz lectura y dulces atardeceres.

2 comentarios:

Arturo dijo...

La imagen, da ganas de leer, si bien mi presbicia incipiente no aconseja esa maravillosa luz.

Un abrazo

Cristina Catarecha dijo...

Gracias por pasarte. Cuida esa vista que ya sabes que, por aquí, estamos cegatos, cegatos :-)).
Beso!