
Cierro los ojos y pienso en todo lo que no he hecho y, automáticamente, sopeso la suerte de unos y otros.
Me acuerdo de Eva, una elegantísima mujer como pocas he visto que vendió su alma a la heroína por un contratiempo amoroso. Las traiciones se pagan (aunque sean de otros) y ella dió la vida.
Me acuerdo de Esteban, cuya ausencia ha regresado estos días a mi cabeza recordando una noche loca con Thriller de Jackson de fondo. Una noche para contar, aunque no aquí.
Me acuerdo de Nabi, echadora de cartas de bella sonrisa que no supo jamás predecir su muerte ni la de su hija. Su risa aún cascabelea en mi cabeza.
Yo vuelvo a abrir los ojos convencida de lo mucho que aún tengo por hacer. Ellos ya no podrán.
Por vosotros, amigos!





