domingo, 17 de agosto de 2008


Los demonios de la mente


¿En qué momento se rompe ese hilo que une lo real con lo irreal? ¿qué proceso seguirá la mente de esas personas que años atrás parecían totalmente normales y ahora no son ni siquiera una sombra de ellas mismas?.
¿Qué les ocurre para que, poco a poco, todo lo que les rodea se venga abajo de manera gradual y sin vuelta atrás?.
Pierden familia, amigos que alguna vez probablemente tuvieron, trabajo y, cómo no, el norte.
En un punto determinado de su proceso se quedan totalmente solos, enfrentados a un mundo que sienten como un enemigo unitario dónde todos y cada uno de nosotros estamos en su contra y, por supuesto, equivocados.
Parecen aún, para quien no los trata de cerca, personas simplemente extrañas pero, sin embargo, cualquier cosa y en cualquier momento les hace saltar y una espoleta en su cabeza se dispara y un mundo de cólera e ira les invade por completo; entonces sale la bestia y unas voces en su interior les dominan y dirigen. Los fantasmas salen de su cabeza y los incorporan a la vida real. Creen que tienen que hacer justicia y liberar al mundo de ......... de?? (buena pregunta).
¿Hasta dónde llegará su caos mental? les pasará algo antes de que alguien busque una solución para ellos? pero la pregunta que más me inquieta es: ¿harán algo a alguien y entonces se tomarán medidas?.
Esperemos que no.



Pd. La fotografía es parte de un graffiti realizado en La Mijtana en Lleida (desconozco el nombre del autor)


3 comentarios:

Arturo dijo...

Todos en ocasiones, estamos al borde de ese abismo de locura, de formas muy diferentes, pero contemplamos la misma sima. Estamos compuestos de infinidad de elementos y a veces salta un resorte psicológico que desata una reacción en cadena impredecible, en unos cólera, depresión en otros...No somos como nos vemos, ni como nos perciben los demás, ni siquiera una media ponderada de todas esas percepciones y a cada instante cambiamos, por que vivimos. Todos, como decía Hesse, llevamos un lobo dentro y desgraciadamente en determinados individuos, este termina devorando al hombre. Algunas veces podemos comprendernos unos a otros,pero sólo podemos interpretarnos a nosotros mismos. El cerebro es insondable por más que nos empeñemos y la administración sólo mueve ficha empujada por acontecimientos y no siempre en la dirección correcta.
Celebro que hayas vuelto a delitar a tus incondicionales (entre los que me incluyo), por este tu rincón, con tus acertadas reflexiones y tus magníficas fotografías.

Un abrazo, Arturo

Arturo dijo...

P.D. Perdona el tostón del comentario anterior, los dedos en el teclado, se hacen independientes y no obedecen.

Cristina Catarecha dijo...

Para nada ha sido un tostón, al contrario, una lección que me ha gustado aprender.
Las armas que cada uno tiene para defenderse de esos demonios son variadas y a veces escasas pero cuándo el aire sopla en contra es necesario echar amarras y sujetarse fuerte. Esas personas no saben hacerlo, sus armas han desaparecido o simplemente nunca han existido.
Muchas veces la dureza que vemos en los demás (o la que nosotros mismos mostramos) es un simple escudo protector contra toda clase de monstruos.
Me gustan tus reflexiones así que deja que tus dedos se desmelenen :-).
Un abrazo.