Ser feliz no cuesta tanto. Los indios lo sabían bien. Recorrían a caballo su Tierra Sagrada, con el frío y bajo el sol, aprendiendo de la tierra, leyéndola, observando a los animales y todas la señales que su entorno les mostraba para aplicarlas a su vida. No destruían, sólo sobrevivían. Se hicieron sabios en una impresionante comunión con la naturaleza.
Luego llegó el hombre blanco y todo cambió.
Yo, viendo esa tierra, no tengo ninguna duda de que ellos fueron muy felices allí.
Sed felices vosotros también.
Foto: Yellowstone



