sábado, 29 de septiembre de 2012


Rosa




Rosa fué una mujer vivaracha a la que le encantaban los niños, la gente, hablar. Pasó por la vida de esa manera que pasan algunos supervivientes: sin hacer ruido, sin hacerse notar. Vivió la guerra y una dura postguerra, tuvo que echar nuevas raíces y buscarse la vida pero a todo se hizo, era una persona básicamente feliz, sin ir más allá.

Faltaban escasos días para cumplir los 97 cuándo se fué cansada de una vida que nunca llegó a vivir. Los últimos 15 años los pasó en una residencia de ancianos que ella misma buscó y seleccionó cuándo aún era capaz de organizar su vida.

15 años en un falso hogar dónde fué perdiendo la consciencia, la salud y los años. La fueron cambiando de habitación según convenía al centro, siempre compartida, y cada vez más ajada; las cortinas que habían tenido cierto empaque se deshacían como la vida de Rosa, los muebles imitando madera cada vez más raídos.

Tras su muerte la familia solicitó sus efectos personales a lo que la dirección del centro contestó "mujer...nosotros nunca os hemos pedido nada y ella tenía tan pocas cosas..." con una voz de monja pedigüeña que avergonzaba oirla. No era monja, era una asistente social joven y con mucha cara.

La familia, boquiabierta, se encendió con el mensaje pues pensaba que los 1800 euros mensuales que soltaba al centro eran como pago a un servicio y no una obra de caridad lo que el centro hizo con Rosa.

El negocio de los ancianos es arrollador (mejor dicho a costa de los ancianos) y vergonzoso. Por suerte no es así en todos los centros pero en más de uno deben "cocer habas".

Tras una reclamación por escrito se consiguieron los efectos personales de Rosa que, tras 15 años, quedaron reducidos a: los dientes, las gafas, algo de ropa, su dni, su tarjeta sanitaria y un puñado de fotos. Nada más. Ni bolso, ni cartera, ni más documentación, ni las escasas joyitas que logró reunir en su gris vida, nada..... Es como si hubiera entrado en la residencia con lo puesto y saliera a pelo.

Un pequeño botín que se desintegró en su estancia, a saber como, a saber a manos de quien.

Como dice un familiar "igual es que organizaban timbas de pócker y lo perdió todo".

Los efectos personales fueron entregados en una bolsa de plástico transparente con un nudo porque se habían roto las asas. Muy delicado por parte del centro aunque hubiera podido ir en un saco de basura, siempre pueden empeorarlo.

Patético y vergonzoso.

Residencia: 3ª Edad Virgen de Montserrat - Lleida. Soliciten inventario de efectos personales al ingresar si es que, después de ésto, les quedan ganas de colocar a alguien allí.


Rosa, recordaremos tus vivos ojos, tus besos sonoros, tu simpática holgazanería y esos constantes intentos de tentar a la suerte. 


Pd. Agradecer a Dolors y a alguna otra persona de la que no recuerdo el nombre su dedicación y sonrisas, que de todo hay.


2 comentarios:

Gelfoto dijo...

Estas formas, casi abstractas, son una maravilla para recrearse
Un abrazo

Cristina Catarecha dijo...

Gracias Angel.
Disculpa la tardanza en publicar el comentario. No lo había visto.

Un abrazo.