miércoles, 17 de marzo de 2010


Conclusiones finales




Inés siempre supo lo que quería en y de la vida. Sus primeros pasos como una persona insegura y algo tímida fueron devorados por esa otra parte de ella misma ambiciosa y arrolladora que fué alimentando a lo largo de los años.
Cumplió con el tiempo parte de sus sueños; se casó con un príncipe azul (un sapo disfrazado de persona) rubio y de ojos azules, tuvo descendencia y ascendió, dentro de lo posible y a base de codazos y presiones, en la empresa en la que trabajaba.
Su felicidad dependía básicamente de la desgracia de los demás y de su proximidad a la gente bien situada, con dinero y poder, de la que ella pudiera obtener, en caso de necesitarlo, cierto beneficio.
En su trabajo se fué aislando de los demás en la misma medida que los demás la aborrecían pero ella, lejos de achantarse, se crecía a voces con la única pretensión de conservar sus dominios, sobre todo los personales. Inés tenía que creerse su verdad y se la creía con el tesón de un goteo constante y sin remedio.
Fueron muchos los años que pasó con sus compañeros, palabra ésta de la que ella borró todo significado, dejando huella de su particular filosofía de vida con su mando y ordeno y un cierto toque celestial (tenía una facilidad extrema para unir lo divino y lo humano y medirlo en dinero).
Inés dedicó sus días a borrar el significado de palabras como amistad, compañerismo, amor, ternura, risas ...... de las hojas de la vida y la huella que nos deja es como ese papel arrugado y vacío de contenido que ya no vale nada.

Hoy y, ahora sí, esas son las conclusiones finales, las mías y las de muchos.

Pd. Para M.J. porque vió la luz al final del túnel y nos ha dado tranquilidad y alegría a nuestros días. Gracias!.

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