domingo, 12 de abril de 2009


Pretérito pluscuamperfecto


Laura se sentía mal. Por mucho que lo intentara, todas sus percepciones volvían siempre a un mismo punto de origen: su infancia.

Creía que no le habían querido más que lo justo, una medida del todo insuficiente para ella ya que siempre se sintió relegada a un último plano. Unicamente superaba ese puesto cuándo se le exigían resultados.

Siempre echó de menos el contacto físico con sus padres: los abrazos, una palmada en la espalda, una caricia en el pelo, un beso porque sí o una sonrisa que le alentara.

Jamás, su padre, la sentó en sus rodillas para contarle algo o, simplemente, para tenerla cerca, sentirla cerca.


Estas sensaciones, Laura, las retenía en su interior como una tenaza. No podía evitar buscar culpables a sus males actuales pensando que si sus padres hubieran actuado con ella de otra manera, ella sería más fuerte, menos vulnerable, más cariñosa, menos exigente. No sabía comunicarse con los demás sin causar daño, sin recriminar con sus modos, las carencias afectivas de su infancia.


Pero Laura olvidaba una cosa: probablemente sus padres habían hecho lo que habían podido, no sabían más. Los recursos que tenían a su alcance tan sólo les permitían hacer lo debido y poco más. No habían bebido de la fuente de los afectos y ellos no eran capaces de hacer otra cosa que repetir lo recibido.


Laura sí tuvo muchos más recursos. Si se lo hubiera propuesto, probablemente, hubiera podido cambiar el curso de su aprendizaje afectivo para llenar esos huecos que no sólo le hubieran acolchado sus carencias sino que le hubieran servido para ofrecer a los demás mucho de lo que podía haber aprendido. Perdió mucho tiempo en sufrir, aún lo hace.


Las espirales siempre tienen dos extremos y está en nuestra mano fijar nuestro interés o en el extremo que nos lleva a un centro cerrado, mareante e hipnótico o bien expandir nuestra mirada hacia el extremo abierto que nos conduce hacia nuevos caminos.


Laura, algún día, se dará cuenta de que el camino lo escribimos cada uno y que cada uno somos responsables de nuestra parte. Que tengas mucha suerte.

3 comentarios:

Arturo dijo...

Que cierto es. Siempre depende de hacia dónde mire uno.

maripili dijo...

Entro por primera vez en este blog, y me quedo asombrada al leer esta entrada, no se puede describir con mayor exactitud a una persona muy cercana a mí que es su propio retrato, pero yo creo que ella no sabe que cada uno somos responsables de nuestro propio camino, piensa inconscientemente que el camino se lo tenemos que recorrer los demás y sufre muchísimo.

Me gusta tú blog.

Cristina Catarecha dijo...

Gracias Maripili, siento haber tardado en contestar pero el tiempo se escapa y no sé como.
Creo que esa descripción, esa mélange, podría definir a muchas personas más o menos cercanas, a parte de nosotros mismos incluso.
Creo que la vida enseña muchas cosas y una de las cosas más interesantes es su sentido práctico. Para què sufrir por cosas que no tienen remedio? para que crear abismos dónde hay caminos?
En fin.....ya sabes.... todo es cuestión de fijar la mirada en el otro extremo.
Gracias por pasarte y por el comentario.
Un beso.