
Cada mañana, puntual como el reloj de la iglesia, baja por la cuesta a las 7.30 de camino al kiosko. Poco después emprende el camino de regreso, con la prensa aún calentita y haga el tiempo que haga.
Son las 7,45 y empieza un nuevo día.
La verdad son los hechos, no su explicación
3 comentarios:
Preciosa imagen y precioso apunte.
Un beso muy grande Cris
Gracias Carlos. Otro para ti.
Recuerdo tu comentario sobre esta foto y me admira tu tenacidad. Al final la has conseguido. No me canso de decirlo ¡Una maravilla! Una composición espectacular.
Un abrazo.
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