domingo, 9 de marzo de 2008


Los pilares de la tierra


Ayer fué un día especial. Una comida en el campo, gente que la mayoría no nos conocíamos entre nosotros pero con un denominador común: unos buenos amigos.

Ver cómo se esforzaron por agasajarnos, notar cómo agradecían nuestra presencia, sentir su calor y su aprecio fué, sencillamente, emocionante.


Pero el momento más tierno fué ver cómo trataban a sus padres, el afecto, el cariño, la ternura.
Era evidente que esa lección de la vida la habían transmitido perfectamente a sus hijos y, ellos, obedientes, la habían aprendido devolviéndoles parte de lo mucho recibido. Esos gestos, esas miradas, ese tono en la voz al dirigirse a ellos, eso son, sin ninguna duda posible, los pilares de la tierra. Una tierra que ayer nos mostraron y nos ofrecieron. Una tierra empapada por el trabajo, la sabiduría y las enseñanzas de esos mayores que, camino ya de su ocaso, permanecerán en ella para siempre como esos árboles centenarios que ejercen de vigías de hermosos atardeceres.


A F y G, gracias.