sábado, 9 de enero de 2010


Conversaciones en el tren



Observar siempre es interesante, te permite imaginar historias con apenas un par de las piezas del puzzle que conforman la vida de cada uno. Tras una vestimenta puedes imaginar el tipo de vida o tras una postura, creer adivinar la actitud con la que se enfrenta a determinadas situaciones.
Solo es un juego del cual, en ocasiones, han salido historias para este blog.
Pero a veces la situación te ofrece muchos más datos y, digamos la fortuna, te coloca en un lugar priviligiado desde el que no solo observas e imaginas sino que escuchas y conoces.
El ya viajaba en el tren cuándo nosotras subimos. Ella ocupó su asiento junto a otro, en ese momento, sin pasajero a la vista. Se dispuso a acomodar su pequeño equipaje mientras yo, en el asiento de atrás, ya estaba dispuesta a emprender el viaje.
Era joven, muy joven, con una sonrisa entre dulce y franca que le iluminaba la cara. Ella deslizó su mirada por el pasillo y su sonrisa creció sobremanera en un instante: acababa de descubrir a su acompañante que venía por el pasillo. Se saludaron con un beso en la mejilla, se felicitaron el año y se sentaron dispuestos a acompañarse en su viaje, fueran dónde fuesen.
Yo, ensimismada en mis pensamientos, les escuchaba como una sordina de fondo mientras mi mirada recorría el exterior del tren viendo como el atardecer iba cayendo.
Hasta aquí todo normal y previsible pero una frase captó mi atención "no puedo más, tengo que contárselo a alguien" y, claro, volví a fijar mi mirada en esas dos personas que tenía delante.
A él no le veía ya que estaba justamente delante de mí pero a ella, sentada de medio lado, la veía perfectamente por el hueco de los asientos.
Su sonrisa, cada vez más triste, se quedó en apenas una mueca: su marido le había sido infiel. Su marido!! tan joven y casada! me llamó la atención, la verdad.
Ella viajaba bastante por trabajo (este viaje lo era) y en una de sus salidas, una mujer, compañera de trabajo del marido, pasó la noche en su casa. Ella se enteró de manera totalmente casual por un pequeño detalle (como siempre) y estiró del hilo hasta llegar a la terrible certeza.
El marido negaba que hubiera pasado nada aunque sí le confirmó que había estado en su casa hasta muy entrada la madrugada, que solo fué un tonteo, que la amante en cuestión necesitaba un amigo y que para amigo, él.
Todo ésto lo contaba ella mientras su compañero de asiento, de vez en cuándo y en silencio, le acariciaba el antebrazo a ella dándole consuelo. (ay, pensé yo, de una infidelidad, saldrá otra, ya lo estoy viendo....).

No voy a dar más detalles porque ultimamente me localizan hasta los muertos (sonrisa) pero cuándo bajé del tren mientras ellos seguían hacia su destino, lo hice con la sensación de haber leído tan solo el primer capítulo de una historia que iba a dar mucho de sí.


Observar e imaginar, esa es la cuestión...... o no.





8 comentarios:

Ángel dijo...

A veces la imaginación es el poder del futuro convertido en realidad. La historia muy buena, la foto genial

Un abrazo

Pepe Ventureira dijo...

Hola Cristina...un trozo de historia llena de olor a tren...tantas historias...tantas vidas cruzadas, comienzos y finales...me alegro de poder disfrutar de tu capacidad de observación....un abrazo

Arturo dijo...

Veo que compartimos el mismo vicio de imaginar...y ver poesía dónde otros sólo ven prisas y decorados.

Carlos Palacios dijo...

Si pudiésemos, en ocasiones echaríamos la cabeza hacia adelante o hacia a un lado para poder escuchar con mayor detenimiento y atención las conversaciones que se nos cruzan, sobre todo en situaciones de larga espera (viaje en tren, sala de espera...)
Todos llevámos dentro un poco de "portera" (léase con sonrisa) mezclado con otro tanto de mula Francis. Nos encanta mirar, observar, escuchar e imaginar la vida de los demás. Somos voyeaur por naturaleza... y es divertido, ¡que leñe! Me gusta esta historia anónima, y me gusta como vuela la imaginación con la cantidad de injerencias que genera un trozo de vida contada en un corto viaje en tren.

Besos.

Cristina Catarecha dijo...

Gracias Angel, un placer verte por aquí.

Cristina Catarecha dijo...

Pepe, gracias a ti y a otros soy capaz de observar así que gracias por la parte que te toca.
Un beso grande.

Cristina Catarecha dijo...

:-) Arturo.... que sería de nosotros sin ponerle imaginación y color a la vida??. Estamos bien entrenados, de eso no hay duda.
Un beso, campeón.

Cristina Catarecha dijo...

Carlos, estas cosas, sin duda alguna, forman parte de la "salsa" de la vida.
Un beso.